En entrevista con el arquitecto Nicolás Morales Saravia, CEO de BIOCONS Arquitectos, nos adentramos en los desafíos que enfrenta la ciudad y las acciones necesarias para evitar los peligros de la gentrificación.
Para el arquitecto Morales Saravia, el primer paso es entender es entender que la gentrificación es una reconfiguración socioeconómica del territorio que desplaza a las poblaciones históricas por otras con mayor poder adquisitivo. Para prevenirla, es clave una política pública proactiva en tres niveles, regulación del mercado, provisión de vivienda asequible y planificación urbana participativa.
“Prevenirla es un acto de justicia urbana, es decir, generalmente el crecimiento urbano reproduce desigualdades, por eso la planificación pública tiene la responsabilidad ética y política de corregirlas. Una ciudad que no protege a sus habitantes históricos es una ciudad que traiciona su memoria, su diversidad y su cohesión social. La gentrificación fragmenta el tejido social y convierte lo urbano en una mercancía, despojando a las personas de su arraigo, sus redes comunitarias y su sentido de pertenencia”, sostuvo
NO EXISTE GENTRIFICACIÓN EN ASUNCIÓN
¿Existe la gentrificación en Asunción? Según Morales Saravia, no. Explicó que en Asunción no se observa todavía un proceso de gentrificación estructural ni masivo como el que ha ocurrido en otras ciudades latinoamericanas. La mayoría de los desarrollos inmobiliarios se concentran en zonas ya consolidadas y de alto ingreso, alrededor de 50 a 60 % de los proyectos en altura se localizan en: Los Laureles, Ycuá Satí, Santísima Trinidad, Recoleta, Villa Morra, Carmelitas y Barrio Jara, donde no hay desplazamiento de familias vulnerables, sino más bien un fenómeno de densificación vertical.
“Por otro lado, muchos barrios populares del centro como San Jerónimo, Tacumbú, la Chacarita o Barrio Obrero, continúan excluidos de las inversiones inmobiliarias intensivas, debido a la precariedad de servicios, la inseguridad y la falta de infraestructura básica. En este contexto, la gentrificación, entendida como sustitución de poblaciones históricas por otras de mayor poder adquisitivo, no se ha desplegado de forma amplia ni sistemática aún”, indicó.
DIFÍCIL ACCESO AL CRÉDITO
La receta del arquitecto se articula en torno a tres pilares esenciales: regulación del mercado, provisión de vivienda asequible y planificación urbana participativa.
“Como arquitecto y conocedor del desarrollo urbano en Paraguay, puedo hablar desde mi competencia profesional sobre cómo se transforma la ciudad y cómo estas dinámicas se comparan con las de otras ciudades de la región. Primero, el acceso al crédito en Paraguay sigue siendo muy limitado, la mayoría de la población no califica para hipotecas a largo plazo, lo que impide acceder a vivienda propia y hace que el mercado dependa de fórmulas como la compra “en pozo” o la inversión para alquiler”, detalló agregando que esta lógica favorece proyectos de unidades pequeñas y mantiene un alquiler informal extendido, no es un fenómeno nuevo, sino más bien una constante que, si no se enfrenta con políticas públicas activas, continuará restringiendo el acceso a la ciudad formal para amplios sectores.
En segundo lugar, Morales Saravia destacó el creciente interés de inversionistas extranjeros, argentinos, brasileños, chilenos, bolivianos, europeos, y de nómadas digitales por invertir o residir temporalmente en Asunción, este fenómeno todavía tiene una escala reducida. Se concentra en barrios premium y no está generando, por ahora, un cambio estructural en la dinámica urbana. “La ciudad sigue estando determinada principalmente por el mercado interno y por los bajos ingresos de la mayoría de la población. Por eso, más allá de las modas o las inversiones externas, el verdadero desafío es construir una ciudad inclusiva, con políticas claras de arraigo, crédito accesible y planificación urbana participativa”.
MODELOS
En cuanto a qué modelos internacionales podrían servirnos como inspiración para evitar estos errores. El Arquitecto manifestó que aunque Asunción no experimenta aún una gentrificación estructural al estilo de ciudades europeas o norteamericanas, sí enfrenta un proceso de vaciamiento residencial en barrios tradicionales y una creciente presión inmobiliaria en zonas específicas. Para evitar que este proceso escale hacia una exclusión urbana generalizada, es útil mirar modelos internacionales:
Citó el caso de Montevideo cuenta con un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que prohíbe los barrios cerrados dentro del departamento, promoviendo la conectividad y el espacio público como derecho colectivo. La Agencia Nacional de Vivienda (ANV) fomenta la localización de vivienda social en zonas centrales, a través de subsidios cruzados que equilibran la rentabilidad privada con el acceso equitativo. Además, el sistema de cooperativas por ayuda mutua permite que familias de ingresos bajos y medios accedan a vivienda en suelo urbano consolidado sin recurrir al mercado especulativo, generando más de 30.000 viviendas autogestionadas desde los años 70.
Así también ejemplificó a Medellín que ha implementado desde inicios de los 2000 un modelo de urbanismo social, enfocado en integrar sectores históricamente excluidos mediante infraestructura pública de alta calidad en zonas populares. Destacan los Metrocables, que conectan barrios periféricos con el centro de la ciudad, y los Parques Biblioteca, que combinan educación, cultura y espacio público como motores de transformación barrial. Todo esto fue acompañado por Planes de Ordenamiento Territorial (POT) que priorizan la equidad territorial y la participación comunitaria en la planificación urbana.
También argumentó que São Paulo es una de las metápolis más complejas y desiguales de América Latina, pero también una de las que ha desarrollado instrumentos urbanísticos avanzados para combatir la exclusión y regular el mercado del suelo. Con su Plan Director Estratégico (PDE) del 2014, la ciudad ha implementado una serie de políticas con el objetivo de construir una ciudad más densa, inclusiva, conectada y sostenible.
Finalmente para Morales Saravia, la lección clave que Asunción debe aprender es que el mercado no puede ser el único regulador del crecimiento urbano. “Es esencial un Estado activo y eficiente, capaz de planificar con criterios de justicia espacial”, concluyó.
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